martes, 4 de diciembre de 2012

Papel Maché

Niños en fiesta 1963-1965. 58,5 x 99 cm. Sobrerrelieve de papel maché en madera aglomerada.






La máquina volante 1963-1965. 72 x 66 cm. Sobrerrelieve de papel maché en madera aglomerada.




Hombre de negocio 1963-1965. 60 x 66 cm. Sobrerrelieve de papel maché en cartón.





La vaquita echá





Óleos


Fiesta en casa de Violeta. 1964. 54 x 98,5 cm. Óleo sobre madera prensada.







Los Parra. 1964-1965. 50 x 80 cm. Óleo sobre madera aglomerada.




Entierro en la calle 1964 49 x 66 cm Óleo sobre madera prensada




Prisionero inocente. 1964. 31,7 x 45,5 cm. Óleo sobre madera prensada.






Las tres hijas del rey lloran a su padre 1964 31,3 x 45,2 cm Óleo sobre madera prensada Forma parte de la serie Leyenda del Último Rey Inca





Arpilleras

Thiago de Mello. 1960 165 x 130 cm. Yute teñido bordado con lanigrafía. 

Hombre con Guitarra. 1960 134 x 89 cm. Yute bordado con lanigrafía. 


El hombre 1962. 127 x 85 cm. Yute teñido bordado con lanigrafía 

Afiche 1964. 98 x 66,5 cm. Yute teñido bordado con lanigrafía


La cueca. 1962. 119,5 x 94,5cm Lino y bordados en lanigrafía


Cristo en bikini. 1964 161,5 x 125 cm. Algodón teñido y bordado con lanigrafía. 


Árbol de la vida. 1963. 135 x 97,5 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía. 


La cantante calva. 1960. 138 x 173 cm. Yute bordado con lanigrafía.



El circo. 1961. 122 x 211 cm. Tela artificial y bordados en lanigrafía.


Combate naval I. 1964. 134,5 x 179 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía.



Combate naval II. 1964. 132 x 220 cm sin montaje. Yute teñido y bordado con lanigrafía.


Fresia y Caupolicán. 1964-1965. 142 x 196 cm. Yute teñido y bordado con lanigrafía. 


Los conquistadores. 1964. 142 x 196 cm. Yute bordado con lanigrafía.







lunes, 3 de diciembre de 2012

Décima 10


 Pasamos por Longaví (o La alegre nos duró poco)






La alegre nos duró poco
porque la casa decente
menió toitita la gente
dando chilli’os de loco.
Mi taita poquito a poco
fue engañándonos muy bien
qu’stábamos en un tren
y no hay por qué tener susto,
dejándonos muy a gusto
nos arrimamos a él.

Saliendo de la ciudad,
fue la primera sorpresa
que me dejó la cabeza
un tanto destartalá’.
Mi taita con majestad
dijo: «Es el campo, niñitos,
aquellos son corderitos
y esas alturas, montañas,
y esas, humildes cabañas
de los pobres, pues, hijitos».

Pasaban como unos rayos
uno por uno los bueyes,
derechos como unos reyes,
los puentes y los caballos.
Un hombre vendiendo paños,
otr’ ofertando peinetas.
«Si no te callas, Violeta
–con cara de vinagrera,
dijo mi mama sincera–,
yo voy a darte la fleta».

Y yo que por vez primera
paseaba como una reina,
dichosa porque me peina
el viento la calavera.
«¡Benhaiga la ventolera
que dentra por la ventana!»
–protesta de mala gana
un franciscano gruñón,
al verse sin «guarapón»
y al cogote la sotana.

Pasamos por Longaví,
llegamos a Miraflores,
como chirigües cantores
abrimos el cocaví;
los pasajeros allí
comieron pollito fiambre.
Después vide los alambres
que s’iban y se venían,
y de repente veía
de pájaros un enjambre.

Décima 9


 La suerte mía fatal




La suerte mía fatal
no es cosa nueva, señores;
me ha dado sus arañones
de chica muy despiadá’.
Batalla descomunal
yo libro desde mi infancia;
sus temibles circunstancias
me azotan con desespero,
dejándome años enteros
sin médula y sin sustancia.

Dice mi mama que fui
su guagua más donosita,
pero la suerte maldita
no lo quiso consentir.
Empezó a hacerme sufrir,
primero, con la alfombrilla,
después la fiebre amarilla
me convirtió en orejón,
otra vez, el sarampión,
el pasmo y la culebrilla.

De Santiago, pa’ Lautaro
con siete crías colgando,
petaca’ y monos andando,
busca mi taita reparo.
Su capataz l’hizo un aro
diciendo: «Mire, Parrita,
la cosa está aquí malita,
se le traslada pa’l sur,
acomode su baúl,
recíbame esta platita».

Mi taita fue muy letrario,
pa’ profesor estudió,
y a las escuelas llegó
a enseñar su diccionario.
Mi mama, como canario,
nació en un campo florí’o,
como zorzal entumí’o
creció entre las candelillas.
Conoce lo qu’es la trilla,
la molienda y l’amasijo.

Con un chiquillo en los brazos,
los otros seis a la cola,
entramos como una ola,
contentos como payasos,
casi pisando los pasos
de mi preocupa’o paire,
que los monta por los aires
a una casa misteriosa
que yo la vi más hermosa
que la capilla del fraile.

Décima 8


 De tal palo, tal astilla





De tal palo, tal astilla,
se dequivoca el refrán:
solo le cuadra a San Juan, (1)
pero no a esta mocosilla;
bien dorá’ fue la tortilla, (2)
muy revueltita después.
Ya ven, mi abuelo José
con el Código en su mente,
y quién hubo más prudente
como mi otro abuelo fue. (3)

Tan sabios conocimientos
no recayeron en hijos;
con un misterio prolijo
pasan directo a los nietos, (4)
en lo cual yo no les miento,
tengo la prueba en la mano: (5)
yo les presento a mi hermano
como el más bonito ejemplo.
Si ahora no tiene un templo (6)
lo tendrá tarde o temprano.

No es que yo quiera pasarme
el lomo por l’escobilla;
tampoco hacerle cosquilla
al que ha venido a escucharme.
Con prisiones y gendarmes
castiguen mi vanidad,
a la pat’e la verdad
yo estoy contando mi cuento.
Perdonen mi atrevimiento
y mi escasa habilidad.

Toco vihuela, improviso,
compongo mis melodías,
las noches las hago días
pensando si lo preciso;
buscando el oro macizo
salgo volando al camino,
y el versear «a lo divino»
es oro de gran quilate.
Si pa’ vos es disparate
pa’ mí no, pues, Secundino.

Sentencia de doble multa
es no saber pentagrama.
Si en el mate arde una llama
destiná’ pa’ gente culta,
en el cerebro me abulta
causándome confusión,
y al toque del guitarrón
le voy cambiando el estilo
por un concierto pililo
que alegra mi corazón.


Diferencias con la versión del disco Décimas:

(1) solo le cuaira a San Juan
(2) bien dorá’ jue la tortilla,
(3) como mi otro abuelo jue
(4) pasan direuto a los nietos
(5) tengo la preba en la mano
(6) si agora no tiene un templo

Décima 7


 Mas van pasando los años 




Mas van pasando los años,
las cosas son muy distintas:
lo que fue vino, hoy es tinta,
lo que fue piel, hoy es paño,
lo que fue cierto, hoy engaño.
Todo es penuria y quebranto,
de las leyes de hoy me espanto,
lo paso muy confundida,
y es grande torpeza mida
buscar alivio en mi canto.

Han visto la mantequilla,
dicen de que’s vegetal,
y que de leche animal
fabrican la mostacilla.
Las líneas de las chiquillas,
desmáyese el más sereno,
que lo que miran por seno
no es nada más que nilón.
Pregunto con emoción:
¿quién trajo tanto veneno?

En este mundo moderno,
qué sabe el pobre de queso,
caldo de papa sin hueso,
menos sabe lo que es terno;
por casa, callampa, infierno
de lata y ladrillos viejos.
¿Cómo le aguanta el pellejo?,
eso sí que no lo sé,
pero bien sé que el burgués
se pit’ al pobre verdejo.

Yo no protesto por migo,
porque soy muy poca cosa;
reclamo porque a la fosa
van las penas del mendigo.
A Dios pongo por testigo,
que no me deje mentir:
no me hace falta salir
un metro fuera ’e la casa
pa’ ver lo que aquí nos pasa
y el dolor que es el vivir.

Dispénsenme las chiquillas
si m’he salido del tema,
es qu’esta verdad me quema
el alma y la pajarilla.
Quemá’ está la sopaipilla,
pa’l pobre ya no hay razones;
hay costra en los corazones
y horchata en las venas ricas.
Y claro, esto a mí me pica
igual que los sabañones.